Relato: La que era yo

Tus últimas palabras…

Tus últimas palabras creo que nunca las olvidé y también creo que es cierto lo que dicen algunos, que las últimas palabras que te dice una persona, más aún una persona especial para ti, quedan grabadas por siempre en tu cabeza… y en modo repetición. Quedan la cabeza o mejor dicho en el subconsciente que no te deja descansar y que aparecen cada vez que no necesitas hacerlo y te hacen dudar, pensar, meterte tanto en tu mundo como si fuera un pozo tan profundo, del cual cuesta salir… porque esas palabras que me dijiste, tus últimas palabras dirigidas a mí, no me las guardo en el corazón, a pesar de que no me dejan estar tranquila.

Como sea, es extraño como algo que nos dicen (de repente) cuesta que se olvide, me refiero a que por ejemplo, cuando estamos en el colegio y nos enseñan las tablas de multiplicar, nos demoramos meses en aprenderlas y memorizarlas y sólo con el tiempo y su uso continuo en diversos ejercicios no se llegan a olvidar. Pero esas palabras, las últimas que escuchamos de alguien, quedan grabadas como cuando escuchamos una canción en la radio, internet, en la calle, en un tienda, en donde sea… una canción que es tan pegajosa, de esas con el estilo que tanto te gustan que queda grabada en tu mente en tres segundos y lo único que quieres es poder buscarla y ver quien la canta o como se llama esa canción… después, es cosa de esos casi tres o cinco minutos que dura la canción, que te la empiezas a aprender poco a poco, comienzas a repetirla a cada momento por mucho tiempo y queda grabada en tu memoria como si fuese algo que nació contigo.

Pero tus últimas palabras, las siento tan profundamente que me duele en cada parte de mis sentimientos, de mi cuerpo… “Nunca lograrás nada en tu vida”… “nunca lograrás nada en tu vida”… “nunca lograrás nada en tu vida”… “nunca”…

No lo entiendo. No entiendo que te llevó a decir eso, pues al principio pensé que fue el resultado de los varios tragos que llevábamos… pero entre palabras, risas y miradas, te levantaste y tomas mi mano, me emocioné… primero un giro seguido de otro y comenzamos a bailar, desearía recordar la canción que sonaba en ese momento aunque ya no me importa tano después de lo último que escuché de tu boca unos meses después, que dejó manchado ese recuerdo mientras bailábamos, un recuerdo que para ese entonces era mágico, simple, sincero, en donde con la mirada decidimos arriesgarlo todo, ja! qué mentira. Ahora por tí lamento no poder olvidarlo, ni ese momento ni los sonidos que salieron de tu boca. 

Nos besamos y todo cambió. Creo que ambos supimos en ese momento que no sería un para siempre, sin embargo… yo lo soñaba.

Tus últimas palabras… gracias. Gracias por decirlas en voz alta. Gracias por no guardártelas. Gracias porque, con esas últimas palabras que por más que dolieron y siguen doliendo hasta el día de hoy, me alientan y animan a traspasar cada barrera que encuentro en el camino, gracias a ti… 

Gracias porque supe que no todo es para siempre, al menos no contigo y aunque hoy vengas a golpear mi puerta, lamentablemente en esta oportunidad no se abrirá para ti, porque lo que no suma, no sirve. Y necesito a personas que le sumen a mi vida.

Tus últimas palabras… aquellas que a pesar de que no las olvido, de que no te olvido y de que no logro enterrarte en lo más profundo de mis recuerdos, te dejé de querer… y sé que en cualquier momento dejarás de existir para mí. No eres nadie en mi vida y ese es mi mantra: no eres nadie para mí. Porque si nuestras promesas que nos hicimos esa noche hubiesen sido reales, hubieses creído en mi como yo creí en tí y no hubieses salido con esa de no lograría nada. Ya no dudaré.

Lo más extraño, es que no estás muerto y esas no han sido tus últimas palabras, aunque lo fueron para mí, como tu existencia ya no es parte de mi existir.

Lo más lamentable es que aún despierto todos los días, me levanto, tomo mi desayuno (ese que tú me preparabas y me enseñaste a hacer) en el mismo lugar, con las mismas cosas, a la misma hora. Me gustaría decir que ya no salgo todos los días a mi trabajo, haciendo el mismo recorrido que utilizabas tú para ir a dejarme sin atrasos sin pensar en ti (¿recuerdas que nos levantábamos una hora más temprano para hacer un trayecto más largo, mientras escuchábamos The Reason de Hoobastank y she will be love de Maroon 5, pero en versión acústica porque era mil veces mejor que la canción del álbum y si no escuchábamos esas canciones nos sentíamos vacíos y hasta a veces… peleábamos?) 

¡Que idiota! Tus últimas palabras las tengo que olvidar para volver a ser yo.

6 comentarios sobre “Relato: La que era yo

      1. Por un lado para mí se nace escritor lo traemos de forma inherente, se puede aprender, leyendo, yendo a un taller etc. pero cuando realmente uno se “siente” escritor hay que escribir para satisfacción propia y para dar algo a los demás. Abrazo preciosa nos leemos.

        Le gusta a 1 persona

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